Nunca imaginamos (o al menos yo) que aquel examen decisivo lo iba a ser tanto, y de que manera. Gracias, gracias nota de corte, porque me cambiaste la vida, porque me hiciste el favor más maravilloso del mundo: ponerme no solo en mi camino, hacía los terremotos, sino en el de estas personitas increíbles a las que hoy proclamo mi segunda familia, que no se si elegí o me eligieron, pero elegiría mil trillones de veces más; por absolutamente TODO. Nunca sabré que sería ahora si hubiera sacado aquel diez a la primera, pero sinceramente, ya no lo cambiaría por el siete más valioso de la (mi) historia. Me quedo con mi duda y mi satisfacción. Así que, qué más puedo decir, hace algún tiempo comprendí que la fortuna va un poco de estadística (suspensa por cierto) y otro poco de personas. Las que tienes cerca. GRACIAS.
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En el tobillo
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No quería que esto pasase. Este blog se ha convertido en un diario de miserias sin explicar, y sin embargo aquí estamos. El vicio de escribir a destiempo, mal y feo. Como si con quemar acuarelas no fuera suficiente. Como si rompiendo cuerdas de guitarra no quedará claro que ciertos dotes artísticos, suponiendo que existieran, murieron en primero de carrera. La ciencia, uf, la ciencia. Sanas la mente, pero no el corazón. Ojalá lo hicieras, serías perfecta, inexactamente perfecta. Que ironía. Lo ves ¿no?, ese último libro ha hecho estragos, tenía razón aquel absurdo test. En fin, en fin, que yo he venido aquí a hablar de mi libro. He estado reflexionando sobre la vida, la mía para ser concretos. Os lo voy a resumir: fui a la ferretería en busca de algún nuevo clavo, que en las pelis de Hollywood siempre funciona, para arreglar un cuadro caído, y el refranero español, del que mi abuela hacia muy buen uso, ha vuelto a darme una hostia en las narices. ¡Pues no solo va y no s...