En el tobillo
No quería que esto pasase.
Este blog se ha convertido en un diario de miserias sin explicar, y sin embargo aquí estamos.
El vicio de escribir a destiempo, mal y feo. Como si con quemar acuarelas no fuera suficiente. Como si rompiendo cuerdas de guitarra no quedará claro que ciertos dotes artísticos, suponiendo que existieran, murieron en primero de carrera. La ciencia, uf, la ciencia. Sanas la mente, pero no el corazón. Ojalá lo hicieras, serías perfecta, inexactamente perfecta. Que ironía.
Lo ves ¿no?, ese último libro ha hecho estragos, tenía razón aquel absurdo test.
En fin, en fin, que yo he venido aquí a hablar de mi libro.
He estado reflexionando sobre la vida, la mía para ser concretos. Os lo voy a resumir: fui a la ferretería en busca de algún nuevo clavo, que en las pelis de Hollywood siempre funciona, para arreglar un cuadro caído, y el refranero español, del que mi abuela hacia muy buen uso, ha vuelto a darme una hostia en las narices. ¡Pues no solo va y no saca al viejo clavo! ¡¿Que hace más grande el agujero?!¿y ahora qué? Una, que nunca debería haberse dedicado a la carpintería porque siempre se machaca algún dedo... Ni siquiera una caja de herramientas decente encuentra, y aquí continua (o lo intenta) con una roca que se deshace a modo de martillo, que solo sabe usar para aporrear; y mientras la pared ahí sigue, sangrando lava.
Menudo resumen, ¿eh? Si alguien lo entiende, que avise, a ver si puede explicármelo. Ah, y no os recomiendo mi ferretería, la calidad de los clavos deja mucho que desear. El próximo día compro tornillos, así si no arreglan una cosa, al menos puedo ponerlos en su sitio.
La cabeza o el tobillo. No está claro.
El vicio de escribir a destiempo, mal y feo. Como si con quemar acuarelas no fuera suficiente. Como si rompiendo cuerdas de guitarra no quedará claro que ciertos dotes artísticos, suponiendo que existieran, murieron en primero de carrera. La ciencia, uf, la ciencia. Sanas la mente, pero no el corazón. Ojalá lo hicieras, serías perfecta, inexactamente perfecta. Que ironía.
Lo ves ¿no?, ese último libro ha hecho estragos, tenía razón aquel absurdo test.
En fin, en fin, que yo he venido aquí a hablar de mi libro.
He estado reflexionando sobre la vida, la mía para ser concretos. Os lo voy a resumir: fui a la ferretería en busca de algún nuevo clavo, que en las pelis de Hollywood siempre funciona, para arreglar un cuadro caído, y el refranero español, del que mi abuela hacia muy buen uso, ha vuelto a darme una hostia en las narices. ¡Pues no solo va y no saca al viejo clavo! ¡¿Que hace más grande el agujero?!¿y ahora qué? Una, que nunca debería haberse dedicado a la carpintería porque siempre se machaca algún dedo... Ni siquiera una caja de herramientas decente encuentra, y aquí continua (o lo intenta) con una roca que se deshace a modo de martillo, que solo sabe usar para aporrear; y mientras la pared ahí sigue, sangrando lava.
Menudo resumen, ¿eh? Si alguien lo entiende, que avise, a ver si puede explicármelo. Ah, y no os recomiendo mi ferretería, la calidad de los clavos deja mucho que desear. El próximo día compro tornillos, así si no arreglan una cosa, al menos puedo ponerlos en su sitio.
La cabeza o el tobillo. No está claro.