por duro que se ponga el camino
Cerrar los ojos, contener el aliento. Abrirlos y sonreír. Desviar la mirada, no mirar para no ver. Revisar recuerdos, desperdiciando el presente. Rayarse, pensar de mas, hablar de menos. Y sientes que nada merece realmente la pena, nadie es nadie en un juego en el que quien más quiso más sufrió. Un juego absurdo en el que, ahora descubres que llevabas mucho tiempo jugando a solas, que tu "oponente" abandono antes incluso de la primera tirada, o ni siquiera llego a sentarse a jugar, retirado a tiempo, mientras tú observas a un invisible, esperando a tu tirada, ignorando que no llegara nunca, ignorando que ya perdiste hace mucho rato. Que tu mismo fuiste tu propio verdugo. Porque ya sabes, si no tienes nada que perder, puedes jugar sin miedo. Y sin embargo, lo que no te mata, te hará más fuerte. Y lo sabes. Lo que hoy parece una gran derrota, una decepción, otro golpe más, algo con lo que a primeras pensamos, por mil motivos, abatimiento quizás, parece que no podremos...