Quien sabe, con esto, lo que gane.
Un mes ya de la debacle y la vida sigue, aunque ahora ya no tenga claro en que dirección ni a que ritmo. El mío, mi ritmo, se detuvo en el asfalto y desde entonces me dejo arrastrar a una velocidad tan soporífera que cuando no me irrita, me cansa. Es extraño sentir como el viento de popa viró en tan solo un paso y dejé de ir a toda vela. Bien es cierto, que sigo teniendo el timón de mi barco, pero lo encuentro poco manejable… pese a ello, me repito una y otra vez que lo tengo entre mis dedos, que hay quienes ya no vagan por el mar, o carecen de barcos que capitanear. Así que, utilizando más maña que fuerza, o al revés, busco estrategias para poder hacerme con el rumbo y con mi zurda poco a poco. Respecto la dirección, tiempo he tenido para reflexionar en ella, sin embargo siento como si la brújula que nunca apuntaba al norte hubiera salido disparada junto a las coronas checas que ya no podré usar y todo se hubiera quedado en un amasijo irreconocible. Y de igual forma, h...