Quien sabe, con esto, lo que gane.

Un mes ya de la debacle y la vida sigue, aunque ahora ya no tenga claro en que dirección ni a que ritmo.

El mío, mi ritmo, se detuvo en el asfalto y desde entonces me dejo arrastrar a una velocidad tan soporífera que cuando no me irrita, me cansa. 
Es extraño sentir como el viento de popa viró en tan solo un paso y dejé de ir a toda vela. Bien es cierto, que sigo teniendo el timón de mi barco, pero lo encuentro poco manejable… pese a ello, me repito una y otra vez que lo tengo entre mis dedos, que hay quienes ya no vagan por el mar, o carecen de barcos que capitanear. Así que, utilizando más maña que fuerza, o al revés, busco estrategias para poder hacerme con el rumbo y con mi zurda poco a poco.

Respecto la dirección, tiempo he tenido para reflexionar en ella, sin embargo siento como si la brújula que nunca apuntaba al norte hubiera salido disparada junto a las coronas checas que ya no podré usar y todo se hubiera quedado en un amasijo irreconocible. Y de igual forma, hago gala de optimismo porque se que tengo un sol con el que guiar mi navío, cuyo relevo en la noche lo marcan tantas estrellas: solo necesito levantar la cabeza cuando me pierda… ¿y si llueve?, me secaré las lagrimas hasta volver a encontrar una supernova, no importa. 



Un mes ya, de perder mucho, más que un codo, en tan solo un paso, pero hay algo que ningún obstáculo, mar enfurecido o viento en contra me va arrebatar: mis ganas.

De remar, remar y remar, pero yo en este mar no he de desfallecer. Quizás en algún momento entre tanta bruma encuentre mi puerto y serendipia.

 Quien sabe, con esto, lo que gane.

Entradas populares de este blog

Reformas

.,.