La chica que no se abría al mundo estaba cansada de ir penando por el mismo. 

Creía que nunca nadie podría hacerlo de nuevo. Pero como solía pasarle con sus propios pensamientos, se equivocaba. 
Aquello no tenía que ser difícil, o no tanto. Empezaba a comprender lo que hasta entonces, solo eran invenciones de otros. Espejismos inalcanzables. 
Podía ser tan terriblemente fácil que le asustaba. No por el futuro, sino por el pasado. Había... por quien no lo merecía... y ahora todo carecía de sentido. 

Por cada paso que daba, en una dirección cuya bondad estaba por determinar, iba tirando un poquito de ropa de la maleta. Restando peso y cargas. 
Se sorprendía al ver, que no le importaba, al menos no tanto, como hace unos meses habría podido imaginar.
Por aquel entonces, la chica que no se abría al mundo, había tumbado sus inseguridades más grandes (aun que no todas), y se había dejado llevar (solo un poquito). Había abierto la caja de Pandora, o eso pensaba ella, porque de un plumazo había quemado su viejo libro favorito con todo lo que eso implicaba, mientras quitaba el freno de mano. 
Se había cansado de esperar cosas que solo pasaban en sueños de metro. 


Siempre habrá un clavito, un quiero pero no puedo. Y no tendrás ni puta idea de que pase después, de si te darás otra buena hostia, de si un agosto cualquiera volverás a sentir lo que sentías (aun que espero firmemente que no sea así), o si algún día lo mirarás igual que hoy yo miro a aquel niño que ahora es padre. Pero realmente antes, a parte de las inseguridades que tanto te han reafirmado, tampoco tenías ningún tipo de control sobre el devenir. Podremos vivir con esa incógnita, y desvelemos algunas: si, te quería, si, mucho, y también si, desde hace años. 

Entradas populares de este blog

Reformas

.,.