Miedos
Cogi la cartera junto alas llaves del coche, el movil sonando con Hurricane de fondo quedo aparcado en el suelo, no lo necesitaba ahora; sin apenas tiempo para cerrar la puerta, me avecine escaleras abajo, cruze el umbral del jardin mientras abria el coche sin escuchar el rugido del cielo, acaecia una tormenta, pero no importaba, nada era más importante que escapar de aquel tugurio al que un día habia llamado hogar. El coche arranco, y sali de alli disparada, como una suicida hacia no sabia exactamente donde, solo queria espacio para pensar, aclarar mi mente, y sacar todo ese dolor almacenado durante días que oscurecia mi resquebrajado corazón y habia secado mis ojos. Las farolas pasaban rapidas a ambos lados, con el resplandor de los relampagos asustandome, malditas tormentas, como las odiaba, el miedo y la rabia me carcomian las entrañas, pasaba como un fantasma por aquellas fantasmales calles en las que los fríos viandantes se apartaban a mi paso, como si tuviera tiempo o ganas de atropellarles; ante aquella idea se me escapo una malevola risa, lo cierto esque si me apetecia hacerlo aunque no sirviera para nada, Mire por el languido retrovisor central, y me vi a mi misma, con los ojos llorosos, pensando en como aquellos pueblerinos sufririan, riendome, y el miedo se aferro más a mi. Miedo a mi misma.
Por fin, llegue a mi destino, aparque mi viejo seat, lo unico que habia heredado de mis padres, y saque la vieja guitarra del maletero; siempre estaba alli, en esa casa la música ya no tenia cabida, aquella bruja solo soltaba fuego por la boca al verla, mucho menos podia escucharla, decia, excusa barata, que le recordaba a ellos, no se como se atrevia a nombrarles.
La saque de su funda, seguia intacta, nunca supe tocarla demasiado bien, pero era preciosa; me sente, en aquel monticulo de arena desde el que se veia la lejana ciudad en el horizonte, y todo el pueblo en primer plano, la luna, alumbraba orgullosa, mientras las nubes partian, a regañadientes, dejando un cielo precioso. Empeze a tocarla, aunque desafinada para variar, y poco a poco, mi mal humor se fue esfumando, el miedo, y la rabia, se marchaban lejos con los relampagos, el dolor seguia ahi, pero las dulces notas de aquel instrumento lo hacian más llevadero; era un pequeño respiro.