verdadero momento.2

El calor sofocante propio de un mes de agosto hacia bullir el asfalto, marchitaba los pétalos de las hortensias en el jardín, evaporaba cualquier gota que corriera por su frente. Mientras, su respiración lenta y pesada, resonaba en aquella calle desértica, junto a sus pasos, y unas pulsaciones aceleradas, notando la ropa pegada al cuerpo en exceso.
Hacia rato que los cascos y su música habían dejado ya de sonar, pero no quería poner final a aquella marcha suicida bajo el sol que contradecía a todo sentido común.

Habia salido como cada mañana, a la misma hora, con el fin de despejarse y poder centrarse el resto del día en la labor que ella misma se había encomendado realizar, y de paso poder analizar los últimos acontecimientos. Nada más lejos de la realidad.

Unos minutos antes de escuchar la ultima canción del obsoleto aparato, había tenido la brillante idea de cambiar a penas un par de manzanas su trayecto habitual, llevaba semanas rehuyendo de aquellas calles y a quien las habitaba, sin embargo decidió pasar por allí, ¿a qué le tenía miedo?.
Lo más seguro es que no se lo encontrara, y por otro lado... no podría seguir huyendo de una simple "calle", era ilógico e infantil. Si tenían que toparse, acabarían haciendolo, lo cual si aún no había sucedido en aquel lugar sucedería.

Bebiendo un pequeño sorbo de agua echo la vista atrás, centrandose en recordar sin tropezar con nada mientras caminaba.
Su ultimo encuentro... (ver cuando-sea-el-verdadero-momento-sucedera) Nunca debería haberse dado. No existió, se repetía  una y otra vez. No servia de nada recordarlo, no, nada había cambiado; no al menos exteriormente. Solo alteraba sus nervios, y su cuerpo tenia ya suficiente con aguantar ese sol abrasador que iba oscureciendo su piel lentamente.

Sobrepaso el último portal, victoriosa, cuando de un suspiro se paro en seco, allí estaba, de frente, en la curva que ella necesitaba tomar si no quería dar un largo y bochornoso rodeo.






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