Ey
Hola, Soy yo.
El mismo viejo cuento que empieza como esa nueva canción de moda.
Soy yo, tu cara oculta, tu locura hipocondriaca, tu descontrol, tu hipocresía, tu dolor, tu soledad, tu paranoica vena, tu llanto de madrugada, tus celos, tu ansiedad.
Soy yo, todos tus demonios a la vez, tus mayores miedos y tus peores dudas.
Sabes perfectamente quien soy. Nos conocemos demasiado bien ¿verdad?
Llevaba mucho tiempo lejos de ti, en el fondo, lo sabemos, me echabas incluso de menos. Eres tú quien me ha llamado.
Me pregunto cuanto tiempo decidirás alojarme esta vez, cuanto seas capaz de soportarme... si, he venido a probarte.
Soy yo, me he encaramado en algún lugar entre tus recientes miedos; hace más frío del que recordaba aquí dentro, ¿Me darás por fin el espacio que me pertenece por derecho o piensas seguir haciéndote de rogar conmigo?
Juraría haber dejado todo menos destrozado ¿A qué has estado jugando sin mi?
Diría que realmente ya no me necesitas por aquí, todo parece roto ¿Porqué me has reclamado?
Me cuesta creer que aun sigas con todos esos lastres, creía que lo habías entendido, que habías extraído de ellos los mensajes necesarios.
No soy yo, eres tú, tú eres tu propia tormenta querida, quizás ese sea el motivo de que estemos así aun. Me necesitas, es mi ultima oportunidad, ¿no? ya veo: necesitas comprender que tú misma te incendias.
Es tan simple, soy yo o soy tú, ¿qué más da?, somos lo mismo, soy tu subproducto; piensa que me has olvidado si quieres, mantenme a raya si puedes... o déjame tomar el control, porque el tiempo de traspasar responsabilidades se agota mi amor.
Debes sucumbir de manera definitiva o rehacerte por penúltima vez.
Somos tú.
Hasta siempre, hasta que decidas volver a sacarme a pasear.
El mismo viejo cuento que empieza como esa nueva canción de moda.
Soy yo, tu cara oculta, tu locura hipocondriaca, tu descontrol, tu hipocresía, tu dolor, tu soledad, tu paranoica vena, tu llanto de madrugada, tus celos, tu ansiedad.
Soy yo, todos tus demonios a la vez, tus mayores miedos y tus peores dudas.
Sabes perfectamente quien soy. Nos conocemos demasiado bien ¿verdad?
Llevaba mucho tiempo lejos de ti, en el fondo, lo sabemos, me echabas incluso de menos. Eres tú quien me ha llamado.
Me pregunto cuanto tiempo decidirás alojarme esta vez, cuanto seas capaz de soportarme... si, he venido a probarte.
Soy yo, me he encaramado en algún lugar entre tus recientes miedos; hace más frío del que recordaba aquí dentro, ¿Me darás por fin el espacio que me pertenece por derecho o piensas seguir haciéndote de rogar conmigo?
Juraría haber dejado todo menos destrozado ¿A qué has estado jugando sin mi?
Diría que realmente ya no me necesitas por aquí, todo parece roto ¿Porqué me has reclamado?
Me cuesta creer que aun sigas con todos esos lastres, creía que lo habías entendido, que habías extraído de ellos los mensajes necesarios.
No soy yo, eres tú, tú eres tu propia tormenta querida, quizás ese sea el motivo de que estemos así aun. Me necesitas, es mi ultima oportunidad, ¿no? ya veo: necesitas comprender que tú misma te incendias.
Es tan simple, soy yo o soy tú, ¿qué más da?, somos lo mismo, soy tu subproducto; piensa que me has olvidado si quieres, mantenme a raya si puedes... o déjame tomar el control, porque el tiempo de traspasar responsabilidades se agota mi amor.
Debes sucumbir de manera definitiva o rehacerte por penúltima vez.
Somos tú.
Hasta siempre, hasta que decidas volver a sacarme a pasear.