circunstancias ajenas
Lo único que necesitaba en aquel momento era un abrazo y un "todo estará bien" por muy ficticio que este sonara. Y un saco de boxeo para calmar su rabia.
No recordaba haber hecho ningún pacto con ningún demonio mediante el cual su vida personal se fuera a pique a cambio de un resultado maravilloso en el ámbito profesional; pero habría jurado en aquel instante que no era tal y como lo recordaba.
El equilibrio emocional parecia un cuento de viejas que a Ella nunca le tocaba experimentar, y el mundo a su alrededor se hundía cada vez que intentaba recobrar aliento. Le preocupaba el hecho de que en toda aquella maraña de rabia, dolor y mentiras el problema estuviera en su interior y no en el exterior, pues todo parecía afectarle de un modo exagerado y le desgarraba a tiras la piel por momentos; sin embargo, solo percibía algún tipo de paz en su soledad, la cual había aprendido a disfrutar necesariamente, descartando así la idea.
Solo creía necesitar unas orejas que se prestaran a escuchar con atención, pero no aparecían por ningún lado, y en cierto modo tampoco quería que lo hicieran, pues había adoptado el habito de aparentar una fortaleza que llevaba mucho tiempo rota solo para no abrir nuevas heridas a su alrededor a expensas de propiciarselas a si misma.
Mientras su vida empezaba a marchar como siempre había deseado, el miedo le engullía en numerosas ocasiones solo por las circunstancias de los demás. Plenamente consciente de que aquello no podría seguir así mucho tiempo más, no encontraba una solución a algo que le afectaba tanto, ante lo que nada podía hacer, dado que de Ella tampoco dependía. En su mano solo estaba aceptar la situación y con ello tanto cambio, altibajo, designio o suceso que le quedase aun por aguantar, pues no podría evitarlos, pero si minimizar los efectos sobre su ser, puesto que tampoco pensaba permitir que le hundiesen por completo.
Y las palabras de aliento se las presto a si misma, y aprendió a abrazarse con sus penas y canciones. Pero continuaría luchando, como siempre.
No recordaba haber hecho ningún pacto con ningún demonio mediante el cual su vida personal se fuera a pique a cambio de un resultado maravilloso en el ámbito profesional; pero habría jurado en aquel instante que no era tal y como lo recordaba.
El equilibrio emocional parecia un cuento de viejas que a Ella nunca le tocaba experimentar, y el mundo a su alrededor se hundía cada vez que intentaba recobrar aliento. Le preocupaba el hecho de que en toda aquella maraña de rabia, dolor y mentiras el problema estuviera en su interior y no en el exterior, pues todo parecía afectarle de un modo exagerado y le desgarraba a tiras la piel por momentos; sin embargo, solo percibía algún tipo de paz en su soledad, la cual había aprendido a disfrutar necesariamente, descartando así la idea.
Solo creía necesitar unas orejas que se prestaran a escuchar con atención, pero no aparecían por ningún lado, y en cierto modo tampoco quería que lo hicieran, pues había adoptado el habito de aparentar una fortaleza que llevaba mucho tiempo rota solo para no abrir nuevas heridas a su alrededor a expensas de propiciarselas a si misma.
Mientras su vida empezaba a marchar como siempre había deseado, el miedo le engullía en numerosas ocasiones solo por las circunstancias de los demás. Plenamente consciente de que aquello no podría seguir así mucho tiempo más, no encontraba una solución a algo que le afectaba tanto, ante lo que nada podía hacer, dado que de Ella tampoco dependía. En su mano solo estaba aceptar la situación y con ello tanto cambio, altibajo, designio o suceso que le quedase aun por aguantar, pues no podría evitarlos, pero si minimizar los efectos sobre su ser, puesto que tampoco pensaba permitir que le hundiesen por completo.
Y las palabras de aliento se las presto a si misma, y aprendió a abrazarse con sus penas y canciones. Pero continuaría luchando, como siempre.