Después de meses dando vueltas en su cabeza había conseguido cuadrar su puzzle; pensamientos, recuerdos y sentimientos hasta entonces mezclados en un cóctel agridulce, cobraban por fin sentido.
Era consciente de lo que deseaba más también de que para ello era demasiado tarde.

Habia dejado correr a las manillas del reloj al ritmo de su confusión, y dejando escapar con los minutos las opciones. Notaba como, su deseo se tornaba inalcanzable a medida que su cabeza se iba liberando de ataduras y dudas, como si el primero dependiera del segundo, como si de factores inversamente proporcionales se tratase.

Justo cuando se habría lanzado con los ojos cerrados, no tenia donde saltar.
Había tardado demasiado, o quizás lo suficiente.

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